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Autor Tema: El sintoísmo... Japón busca a Dios  (Leído 3747 veces)

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Desconectado samurai アルゼンチン 侍

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El sintoísmo... Japón busca a Dios
« : 04/oct/2004 06:49:53 »
"Porque mi padre era sacerdote sintoísta, se nos había dicho que cada mañana antes del desayuno ofreciéramos un vaso de agua y un tazón de arroz cocido sobre el kamidana [altar sintoísta de la familia]. Después de aquel acto de adoración retirábamos el tazón de arroz y comíamos de él. Yo confiaba en que el hacer esto haría que los dioses nos protegieran.
"Cuando compramos una casa nos aseguramos de que estuviera en el lugar propicio con relación a la casa anterior por medio de consultar sobre ello con un chamán o médium. Él nos advirtió que la nueva casa tenía tres puertas demoníacas y nos dijo que siguiéramos el procedimiento de purificación que mi padre señalara. De modo que purificábamos aquellas habitaciones con sal una vez al mes."—Mayumi T.
EL SINTOÍSMO (shinto) es predominantemente una religión japonesa. Según la Nihon Shukyo Jiten (Enciclopedia de religiones japonesas): "La formación del sintoísmo casi se identifica con la cultura étnica japonesa, y es una cultura religiosa que nunca se practicó por separado de esta sociedad étnica". Pero ahora es tan extensa la influencia japonesa en asuntos de negocios y de cultura que deberíamos estar interesados en saber qué factores religiosos han moldeado la historia de Japón y la personalidad japonesa.
     Aunque el sintoísmo afirma que cuenta con más de 91.000.000 de miembros en Japón —lo que equivaldría a tres cuartas partes de la población de ese país— una investigación revela que solo 2.000.000 de personas, o el 3% de la población adulta, realmente afirma creer en el sintoísmo. Sin embargo, Sugata Masaaki, investigador del sintoísmo, dice: "El sintoísmo está tan inextricablemente entretejido con la vida cotidiana japonesa que la gente casi no se da cuenta de que ese sistema existe. Para los japoneses el sintoísmo es menos una religión que un elemento del ambiente que no estorba, como el aire que respiran". Hasta personas que afirman que no están interesadas en la religión compran amuletos sintoístas que supuestamente las protegen en el tráfico, se casan según la tradición sintoísta y gastan mucho dinero en las fiestas anuales del sintoísmo.
¿Cómo empezó?
      La designación japonesa "shinto" para el sintoísmo surgió en el siglo VI E.C. como medio de distinguir del budismo —que estaba infiltrándose en Japón— la religión local. "Por supuesto, ‘la religión de los japoneses’ [...] existía antes de que llegara el budismo —explica Sachiya Hiro, investigador de religiones japonesas—, pero era una religión del subconsciente, que consistía en costumbres y hábitos populares. Sin embargo, la introducción del budismo hizo que la gente se diera cuenta de que aquellas costumbres populares constituían una religión japonesa, a diferencia del budismo, que era una religión extranjera." ¿Cómo llegó a existir esta religión japonesa?
     Es difícil decir con exactitud cuándo empezó el sintoísmo original, o la "religión de los japoneses". Con el advenimiento del cultivo de tierras húmedas para la producción del arroz, "fue necesario tener comunidades bien organizadas y estables para cultivar la tierra —explica la Kodansha Encyclopedia of Japan—, y se desarrollaron ritos agrícolas que después desempeñaron un papel importante en el sintoísmo". Aquellos pueblos primitivos concibieron numerosos dioses de la naturaleza, y los reverenciaron.
      Además de esta reverencia, el temor a las almas de los difuntos dio origen a ritos con que se procuraba apaciguarlas. De esto con el tiempo se desarrolló la adoración de los espíritus ancestrales. Según el sintoísmo, un alma "que ha partido" todavía tiene su personalidad y se mancha con la contaminación de la muerte inmediatamente después de morir. Cuando los que están de duelo ejecutan ritos de conmemoración, purifican el alma del que ha muerto hasta el punto de librarla de toda inclinación al mal, y esa alma adquiere un carácter apacible y benévolo. Con el tiempo el espíritu del antepasado asciende a la posición de una deidad ancestral o guardiana. Así descubrimos que el creer en un alma inmortal es elemento básico de una religión más, y acondiciona las actitudes y acciones de los creyentes.
     Se creía que los dioses de la naturaleza y los dioses ancestrales eran espíritus que "flotaban" en el aire y lo llenaban. Durante las festividades la gente invocaba a los dioses para que descendieran a los lugares que específicamente hubieran sido santificados para aquella ocasión. Se decía que los dioses habitaban temporalmente en shintai... objetos de adoración como árboles, piedras, espejos y espadas. Los chamanes, o médium, presidían en los ritos en que se invocaba a los dioses.
     Gradualmente los "lugares de aterrizaje" de los dioses, lugares purificados temporalmente para las fiestas, adquirieron carácter más permanente como tales. La gente construía santuarios para los dioses benévolos, los que aparentemente bendecían a sus adoradores. Al principio la gente no tallaba imágenes de los dioses, sino que adoraba los shintai, en los cuales se decía que residían los espíritus de los dioses. Hasta una montaña entera, como el monte Fuji, podía servir de shintai. Con el tiempo los dioses fueron tantos que los japoneses desarrollaron la expresión yaoyorozu-no-kami, que literalmente significa "ocho millones de dioses" ("kami" significa "dioses" o "deidades"). Hoy esa expresión se usa para significar "un sinnúmero de dioses", pues la cantidad de deidades sintoístas sigue aumentando.
      A medida que las ceremonias sintoístas fueron concentrándose en santuarios, cada clan veneró a su propia deidad guardiana. Sin embargo, en el siglo VII E.C., cuando la familia imperial unificó a la nación, elevó a su diosa-Sol, Amaterasu Omikami, a la posición de deidad nacional y la hizo la figura central de los dioses del sintoísmo. (Véase el recuadro de la página 191.) Con el tiempo se presentó el mito de que el emperador era descendiente directo de la diosa-Sol. Para fortalecer esa creencia, en el siglo VIII E.C. se compilaron dos prominentes escritos del sintoísmo, el Kojiki y el Nihon shoki. Estos libros contenían mitos que ensalzaban a la familia imperial como descendientes de los dioses, lo que ayudó a establecer la supremacía de los emperadores.
Una religión de fiestas y ceremonias
 Sin embargo, no se tenía a estos dos libros de la mitología sintoísta como escrituras inspiradas. Es interesante que el sintoísmo no tiene fundador conocido ni Biblia. "El sintoísmo es una religión con una serie de ‘carencias’ —explica Shouichi Saeki, erudito sobre el sintoísmo—. Carece de doctrinas claras y carece de teología detallada. Pudiera decirse que carece de preceptos que deban observarse. [...] Aunque yo me crié en una familia que tradicionalmente se ha adherido al sintoísmo, no recuerdo haber recibido seria educación religiosa." Para los sintoístas no importan las doctrinas, los preceptos ni, a veces, lo que adoran. "Hasta en el mismo santuario —dice un investigador del sintoísmo— el dios del santuario solía ser reemplazado por otro, y a veces la gente que adoraba a estos dioses y les ofrecía oraciones ni siquiera se daba cuenta del cambio."     
     Entonces, ¿qué es de vital importancia para los sintoístas? "Originalmente —dice un libro sobre la cultura japonesa— el sintoísmo consideraba ‘buenos’ los actos que promovían la armonía y el sustento de una pequeña comunidad, y consideraba ‘malos’ los actos que estorbaban tal armonía y sustento." Se consideraba que lo de máximo valor era la armonía con los dioses, la naturaleza y la comunidad. Todo lo que perturbara la armonía y paz de la comunidad era malo, prescindiendo de su valor moral.   
      Puesto que el sintoísmo no tiene doctrina ni enseñanza formal, promueve la armonía de la comunidad mediante ceremonias y fiestas. "Lo más importante del sintoísmo —explica la enciclopedia Nihon Shukyo Jiten— es si celebramos o no las fiestas."
      El comer juntos en las fiestas para los dioses ancestrales contribuía a un espíritu de cooperación entre la gente de la comunidad que cultivaba arroz. Las festividades importantes se relacionaban principalmente —y esto todavía es así— con el cultivo del arroz. En la primavera los aldeanos invocan al "dios de los arrozales" para que baje a su aldea, y le piden una buena cosecha. En el otoño la gente da gracias a sus dioses por la cosecha. Durante las fiestas la gente lleva sus dioses sobre un mikoshi, o santuario portátil, y establece comunión con los dioses mediante vino de arroz (sake) y alimento.
      Sin embargo, los sintoístas creen que para estar en unión con los dioses tienen que limpiarse y purificarse de toda impureza moral y todo pecado. Ese es el propósito de los ritos. Hay dos maneras de purificar a una persona o un objeto. Una es oharai y la otra es misogi. En oharai un sacerdote sintoísta ondea una rama del árbol sakaki, de hoja perenne, con papeles o lino atados a su punta para purificar un objeto o a una persona, mientras que en misogi se usa agua. Estos ritos de purificación son tan vitales en la religión sintoísta que cierta autoridad japonesa declara: "Se puede decir con toda seguridad que sin estos ritos el sintoísmo no puede quedar en pie [como religión]".
La adaptabilidad del sintoísmo
      Las festividades y los ritos han seguido formando parte del sintoísmo a pesar de la transformación que esa religión ha experimentado a través de los años. ¿Qué transformación? Un investigador del sintoísmo asemeja los cambios que ha habido en esa religión a los de una muñeca a la cual se viste. Cuando se introdujo el budismo, el sintoísmo se vistió con la enseñanza budista. Cuando la gente necesitó normas morales, la religión se vistió con el confucianismo. El sintoísmo ha mostrado extrema adaptabilidad.   
     El sincretismo, o la fusión de elementos de una religión con los de otra, ocurrió desde muy temprano en la historia del sintoísmo. Aunque el confucianismo y el taoísmo (en Japón el "Camino de yin y yang") se habían infiltrado en la religión sintoísta, el budismo se mezcló como ingrediente principal con el sintoísmo.
     Cuando el budismo entró desde China y Corea, los japoneses llamaron shinto, o el "camino de los dioses", a sus prácticas religiosas tradicionales. Sin embargo, con la llegada de una nueva religión Japón se dividió en cuanto a aceptar el budismo o no. El grupo que favorecía el budismo decía con insistencia: ‘Todos los países vecinos adoran de ese modo. ¿Por qué debe ser diferente Japón?’. Los opositores del budismo presentaban esta objeción: ‘Si adoramos a los dioses de los vecinos provocaremos la cólera de nuestros dioses’. Tras décadas de discordia, los que favorecían el budismo salieron ganando. Para el fin del siglo VI E.C., cuando el príncipe Shotoku abrazó el budismo, la nueva religión se había arraigado. 
      A medida que el budismo se esparció a comunidades rurales, se enfrentó con las deidades locales del sintoísmo cuya existencia estaba firmemente arraigada en la vida cotidiana de la gente. Las dos religiones tuvieron que transigir para coexistir. Los monjes budistas que practicaban la autodisciplina en las montañas ayudaron a fusionar las dos religiones. Puesto que se creía que las divinidades del sintoísmo moraban en las montañas, las prácticas ascéticas de los monjes en las montañas hicieron surgir la idea de mezclar el budismo y el sintoísmo, lo que también llevó a la construcción de jinguji, o "santuarios-templos". Gradualmente ocurrió una fusión de las dos religiones a medida que el budismo tomó la iniciativa formando teorías religiosas.
     Mientras tanto, siguió arraigando la creencia de que Japón era una nación divina. Cuando los mongoles atacaron Japón en el siglo XIII, surgió la creencia en el kamikaze, que literalmente quiere decir "viento divino". Dos veces los mongoles atacaron la isla de Kyushu con grandes flotas, y dos veces sus esfuerzos fueron frustrados por tormentas. Los japoneses atribuyeron aquellas tormentas o vientos (kaze), a sus dioses (kami) sintoístas, y esto engrandeció mucho a sus dioses.
     Cuando la confianza en las deidades del sintoísmo aumentó, a estas se las vio como los dioses originales, mientras que a los budas ("iluminados") y bodhisatvas (los encaminados a ser budas que ayudan a otros a lograr la iluminación;  se les vio solo como manifestaciones locales y temporales de la divinidad. Como resultado de este conflicto entre el sintoísmo y el budismo se desarrollaron varias escuelas del sintoísmo. Algunas recalcaban el budismo, mientras que otras elevaban a los dioses sintoístas, y otras usaron una forma posterior del confucianismo para adornar sus enseñanzas.
La adoración del emperador y el sintoísmo estatal
    Después de muchos años de transigir, los teólogos sintoístas decidieron que su religión había sido contaminada por el pensamiento religioso chino. Por eso, insistieron en regresar a las antiguas costumbres japonesas. Surgió una nueva escuela del sintoísmo, conocida como Sintoísmo de Restauración, y uno de sus principales teólogos fue Norinaga Motoori, erudito del siglo XVIII. En busca del origen de la cultura japonesa, Motoori estudió los clásicos, especialmente los escritos sintoístas llamados Kojiki. Enseñó la superioridad de la diosa-Sol Amaterasu Omikami, pero dejó la causa de los fenómenos naturales como algo que vagamente se podía atribuir a los dioses. Además, según su enseñanza la providencia divina no se puede predecir, y es falta de respeto por parte de los hombres tratar de entenderla. Su idea era: No haga preguntas, y sométase a la providencia divina.
    Uno de sus seguidores, Atsutane Hirata, amplió la idea de Norinaga y trató de purificar el sintoísmo, librarlo de todas las influencias "chinas". ¿Qué hizo Hirata? ¡Fusionó el sintoísmo con teología "cristiana" apóstata! Asemejó a Amenominakanushi-no-kami, un dios mencionado en el Kojiki, al Dios del "cristianismo" y dijo que este dios que preside el universo tenía dos dioses subordinados, "el Alto-Productivo (Takami-musubi) y el Divino-Productivo (Kami-musubi), quienes aparentemente representan los principios masculino y femenino" (Religions in Japan [Las religiones de Japón]). Sí, adoptó la enseñanza de un dios trino y uno del catolicismo romano, aunque esta nunca llegó a ser la enseñanza principal del sintoísmo. Sin embargo, la mezcla que hizo Hirata del llamado cristianismo y el sintoísmo introdujo al fin en la mente sintoísta la forma de monoteísmo de la cristiandad.
     La teología de Hirata llegó a ser la base para el movimiento de venerar al emperador, lo que llevó al derribo de los dictadores militares del régimen feudal, los shogunes, y a la restauración del gobierno imperial en 1868. Establecido el gobierno imperial, se nombró a los discípulos de Hirata para que fueran comisionados gubernamentales de la adoración sintoísta, y ellos promovieron un movimiento que hacía del sintoísmo la religión estatal. Bajo la nueva constitución de aquellos días, al emperador, visto como descendiente directo de la diosa-Sol Amaterasu Omikami, se le consideraba "sagrado e inviolable". Así llegó a ser el dios supremo del sintoísmo estatal.
       Los "escritos sagrados" del sintoísmo
       Aunque el sintoísmo tenía sus registros, ritos y oraciones antiguas en la forma de los escritos Kojiki, Nihongi y Yengishiki, el sintoísmo estatal necesitaba un libro sagrado. En 1882 el emperador Meiji emitió un Rescripto Imperial a Soldados y Marineros. Puesto que este documento vino del emperador, los japoneses lo consideraron escrito sagrado, y llegó a ser la base para meditación diaria entre los hombres de las fuerzas armadas. El rescripto hacía hincapié en que el deber del individuo de pagar sus deudas y obligaciones al dios-emperador estaba por encima de todo deber para con otros.
     El 30 de octubre de 1890 el emperador añadió el Rescripto Imperial sobre la Educación a la escritura sagrada del sintoísmo. Este "no solo colocó los cimientos para la educación escolar, sino que casi llegó a ser las sagradas escrituras del sintoísmo estatal", explica Shigeyoshi Murakami, investigador del sintoísmo estatal. El rescripto aclaraba que la relación "histórica" entre los antecesores imperiales míticos y sus súbditos era la base de la educación. ¿Cómo vieron estos edictos los japoneses?
     "Cuando yo era niña, el vicedirector [de la escuela] sostenía una caja de madera al nivel de los ojos y con reverencia la subía al escenario —recuerda Asano Koshino—. El director recibía la caja y sacaba el rollo en que estaba escrito el Rescripto Imperial sobre la Educación. Mientras se leía el rescripto teníamos que mantener inclinada la cabeza hasta que oyéramos las palabras de conclusión: ‘El Nombre de Su Majestad y Su sello’. Oímos aquello tantas veces que nos aprendimos de memoria las palabras." En 1945, y mediante un sistema educativo basado en mitología, se acondicionó a toda la nación para que se dedicara al emperador. Se veía al sintoísmo estatal como la superreligión, mientras que a las otras 13 sectas del sintoísmo, que enseñaban doctrinas diferentes, se las veía simplemente como sintoísmo sectario.
La misión religiosa de Japón: la conquista del mundo
      El sintoísmo estatal tuvo su ídolo también. "Todos los días por la mañana yo aplaudía en dirección al Sol, el símbolo de la diosa Amaterasu Omikami, y entonces, vuelto hacia el este, hacia el Palacio Imperial, adoraba al emperador", recuerda Masato, un japonés de edad avanzada. Los súbditos del emperador lo adoraban como dios. Lo veían como supremo en sentido político y religioso porque había descendido de la diosa-Sol. Un profesor japonés declaró: "El emperador es dios revelado en los hombres. Es la Deidad manifiesta".
     De esto se desarrolló la enseñanza de que "el centro de este mundo fenomenal es la tierra del Mikado [el emperador]. Desde este centro tenemos que dar expansión a este Gran Espíritu por todo el mundo. [...] La expansión del Gran Japón por todo el mundo y la elevación del mundo entero a la tierra de los Dioses es el asunto urgente de la actualidad y, de nuevo, es nuestro objetivo eterno e inmutable" (The Political Philosophy of Modern Shinto [La filosofía política del sintoísmo moderno], por D. C. Holtom). ¡Ninguna separación de Iglesia y Estado en esas declaraciones! 
     En su libro Man’s Religions (Las religiones del hombre), John B. Noss dice: "Los militares japoneses aprovecharon con prontitud este punto de vista. Incorporaron en su habla de guerra la idea de que la conquista era la misión sagrada de Japón. Ciertamente en esas palabras podemos ver el resultado lógico de un nacionalismo cargado con todos los valores de una religión". ¡Qué tragedia —fundada principalmente en el mito sintoísta de un emperador divino y en la mezcla de la religión y el nacionalismo— se sembró para los japoneses y para otros pueblos!
      Los japoneses en general no podían menos que adorar al emperador bajo el sintoísmo estatal y su sistema imperial. La enseñanza de Norinaga Motoori (‘No preguntes nada, sino sométete a la providencia divina’) dominaba el pensamiento japonés. En 1941 toda la nación fue movilizada para el esfuerzo bélico de la II Guerra Mundial bajo la bandera del sintoísmo del Estado y en dedicación al "hombre-dios viviente". La gente pensaba: ‘Japón es una nación divina, y cuando haya una crisis soplará el kamikaze, el viento divino’. Los soldados y sus familias pedían a sus dioses guardianes que les concedieran éxito en la guerra. 
     Cuando la nación "divina" fue derrotada en 1945, bajo los golpes gemelos de la aniquilación atómica de Hiroshima y gran parte de Nagasaki, el sintoísmo afrontó una crisis severa. De la noche a la mañana el supuestamente invencible gobernante divino Hiro-Hito llegó a ser sencillamente el derrotado emperador humano. La fe de los japoneses quedó aplastada. El kamikaze le había fallado a la nación. Declara la enciclopedia Nihon Shukyo Jiten: "Una de las razones para ello fue la desilusión que experimentó la nación al verse traicionada. [...] Peor todavía, el mundo del sintoísmo no dio ninguna explicación religiosa bien pensada y apropiada para las dudas que surgieron debido a [la derrota]. De ahí que la reacción religiosa inmatura de ‘No hay ni dios ni Buda’ se hiciera tendencia general".
El camino a la verdadera armonía
   El derrotero que siguió el sintoísmo estatal destaca la importancia de que cada persona investigue las creencias tradicionales a las cuales se adhiere. Puede que los sintoístas hayan procurado seguir un camino de armonía con sus semejantes japoneses cuando apoyaron el militarismo. Claro está que aquello no contribuyó a la armonía mundial, y ni la muerte en batalla del ganador del sustento para la familia ni la de los jóvenes produjo armonía en el hogar. Antes de dedicar nuestra vida a alguien debemos saber con seguridad a quién y a qué causa nos estamos ofreciendo. Un maestro cristiano dijo a romanos que antes adoraban al emperador: "Les suplico [...] que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo, santo, acepto a Dios, un servicio sagrado con su facultad de raciocinio". Tal como se esperaba que los cristianos romanos usaran su facultad de raciocinio para escoger a quién se dedicarían, es vital que nosotros usemos nuestra facultad de raciocinio para determinar a quién debemos adorar.
      Para los sintoístas en general el factor importante en su religión no era identificar específicamente a dios alguno. "Para la gente común —dice Hidenori Tsuji, profesor de historia religiosa de Japón— no había ninguna diferencia entre dioses y budas. Fueran dioses o budas, a la gente le bastaba con que oyeran las súplicas por una buena cosecha, por la eliminación de las enfermedades y por la seguridad de la familia." Pero ¿guió eso a la gente al Dios verdadero y su bendición? La respuesta de la historia es clara.   
       En su búsqueda de un dios, los sintoístas, fundando sus creencias en la mitología, transformaron a un simple hombre, su emperador, en un dios, un supuesto descendiente de la diosa-Sol Amaterasu Omikami. En Japón los edificios religiosos de los sintoístas se consideran santuarios, y los de los budistas se consideran templos.
La diosa-Sol de la mitología sintoísta
Un mito sintoísta dice que mucho tiempo atrás el dios Izanagi "se lavó el ojo izquierdo, y así nació la gran diosa Amaterasu, la diosa del Sol". Más tarde, Susanowo, el dios de los mares extensos, asustó tanto a Amaterasu que ella "se escondió en una cueva rocosa del Cielo, y cerró la entrada con un peñón. El mundo quedó sumido en la oscuridad". De modo que los dioses idearon un plan para hacer que Amaterasu saliera de la cueva. Juntaron gallos cacareadores que anuncian la mañana e hicieron un espejo grande. En los árboles sakaki colgaron joyas y tiras de tela. Entonces la diosa Ama no Uzume empezó a bailar y a golpear una tina con los pies. En su danza desenfrenada se quitó la ropa, y los dioses se echaron a reír. Toda esta actividad despertó la curiosidad de Amaterasu, quien se asomó y se vio en el espejo. El reflejo la hizo salir de la cueva, e inmediatamente el dios de la Fuerza la tomó firmemente de la mano y la sacó de donde estaba. "Una vez más el mundo se iluminó con los rayos de la diosa-Sol."—New Larousse Encyclopedia of Mythology.
El sintoísmo... una religión de fiestas
El año de los japoneses está lleno de festividades religiosas, o matsuri. A continuación se da una lista de las principales:
• Sho-gatsu, o la Festividad del Año Nuevo, del 1 al 3 de enero.
• Setsubun; se arrojan habichuelas dentro y fuera de los hogares, mientras la gente grita: "Diablos, afuera; buena suerte, adentro"; 3 de febrero.
• Hina Matsuri, o Festividad de las Muñecas, para las niñas, celebrada el 3 de marzo. Se despliega una plataforma con muñecas, en representación de una casa imperial antigua.
• La Festividad de los Niños, el 5 de mayo; se ondean Koi-nobori (tiras de carpa que simbolizan fortaleza) atadas a palos.
• Tsukimi; se admira la luna llena del otoño, mientras se ofrecen pequeñas tortas redondas de arroz y las primicias de las cosechas.
• Kanname-sai; el emperador ofrece el primer arroz nuevo, en octubre.
• Niiname-sai es una celebración de la familia imperial en noviembre, cuando el emperador, quien preside como sacerdote principal del sintoísmo imperial, prueba el nuevo arroz.
• Shichi-go-san, que significa "siete-cinco-tres", es una festividad celebrada por las familias sintoístas el 15 de noviembre. El siete, el cinco y el tres se consideran años importantes de transición; niños en kimonos de vistosos colores visitan el santuario de la familia.
• También se celebran muchas festividades budistas, entre ellas el cumpleaños del Buda, el 8 de abril, y la Festividad Obon, el 15 de julio, que termina cuando se hace que unas linternas floten en el mar o en un río "para guiar a los espíritus ancestrales de regreso al otro mundo".
石の上にも三年
侍 Samurai